Para una crítica del Conflicto vasco

Mi Amigo Amador me envía el texto que podéis leer a continuación. Espero que le saquéis partido, hoy más que nunca.


Para una crítica del Conflicto vasco
Ekhi Lopetegi de la Granja

Introducción

La realidad del “conflicto vasco” se nos cae encima. Con todo su peso. Hartazgo, rabia, abatimiento. Las posibilidades de desactivación del “frente militar” se han volatilizado con el fin de la tregua. De nuevo. ¿Y ahora qué? Al parecer, entramos en una fase donde cada actor del Conflicto tiene que demostrar su fuerza y golpear donde más duela. Es decir, lo que nos espera en los próximos tiempos es un reforzamiento y una reproducción del Conflicto: la congelación de la realidad, el cierre de toda apertura, ¡prietas las filas! Encadenamiento de los automatismos: asesinato-condena-contextualización-encarcelamiento-silencio-movilización-daños colaterales-indignación-instrumentalización-criminalización...

¿Se puede interrumpir ese funcionamiento del que somos todos rehenes? Para ello, en primer lugar habría que reimaginar el Conflicto, lo cual no quiere decir “cargarse de razones” frente al adversario, sino rehusarle al Conflicto toda su razón de ser, todo fundamento. Repensarlo no como el combate entre dominio y libertad, sino como la misma dominación. No como “guerra al Estado”, sino como atentado cotidiano contra la sociedad: neutralización de la política, rutina administrada de terror, muerte y sufrimiento, Orden, centro jerárquico de sentido. Rechazar la anestesia ideológica que hace de cada dolor algo ya visto, conocido, contextualizable y aprovechable.

Pero, ¿basta con reimaginarlo para desmontarlo? No. Ni siquiera se puede reimaginar sin escuchar activamente a la gente anónima que hace la experiencia cotidiana de su ausencia de sentido: los que se deprimen, se fugan, se callan o pierden la fe en el bando donde militaban y se desmovilizan; los que se mueven de la foto, salen a la calle en nombre propio e inventan cotidianamente la convivencia contra las fronteras del Conflicto; los afectados que se niegan a ser moneda de cambio, a que nadie administre e interprete su dolor, a explicar lo inexplicable. ¿Se pueden interrogar esas grietas? ¿Se puede (auto)organizar la potencia anónima de los desertores que rompen filas, de quienes rehusan alimentar el Conflicto con su propia vida? Desde luego, no será ya bajo la forma clásica de un movimiento social de izquierdas.


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