Martes, Octubre 23, 2007

Comunicado de apoyo a los vecinos de la Cañada Real ante los desalojos ilegales de los últimos días

 

Nos despertamos con imágenes de Ramala en nuestros televisores… ¿O era
Kabul? ¿O la Franja de Gaza? No, un momento, eso que veíamos era Madrid.
Esa policía era la de nuestra ciudad. Esas imágenes eran La Cañada Real.
La guerra no estaba allí lejos, sino aquí cerca. Los que se resistían a
ella no eran otros. Eran nuestros vecinos, nuestros amigos. Familias
enteras que resistían con sus cuerpos a la ley que se les quería imponer
desde arriba. El telediario decía “con violencia”. Que siniestra manera de
definir la lucha de alguien por defender su vida y su dignidad:
“Violencia”. Violentos quienes se resisten a perder sus casas. La vivienda
que recoge la constitución y que tan bien quedan en los planes electorales
de todo gobierno.

“Violentos” que una semana después han vuelto a poner el cuerpo para
reconstruir sus vidas. Vecinos que han empezado a reconstruir esas mismas
casas derruidas sin mediación de nadie. Usando como arma la cooperación y
la solidaridad de una comunidad de vecinos y vecinas que parecía haber
dado un salto en el tiempo y ser esa comunidad de castellano manchegos,
andaluces, extremeños, etc. Que en los años setenta construyeron el
movimiento vecinal de nuestra ciudad. Un movimiento hecho principalmente
por migrantes que pensaban la vida en colectivo. Hoy los problemas son
otros, los medios son otros, pero la respuesta tiene que seguir siendo la
misma que entonces: Colectiva y desde abajo.

Los vecinos y vecinas de La Cañada Real reconstruyen su vida precaria
mientras los partidos políticos de todos signo miran para otro lado,
balbucean declaraciones que no van más allá de la retórica y las
administraciones públicas juegan a un “tú la llevas” mediático
completamente vergonzoso. Probablemente con la esperanza de que en unos
días la tormenta haya pasado.

La ciudadanía global no es una expresión retórica, ni una palabra catalejo
a gusto de modas para ir a jugar a ser de izquierdas a la ONU. La
ciudadanía son algo tan simple y tan material como los derechos. Derechos
no son palabras, son las cosas. Cosas como acceder a una vivienda, cosas
como tener donde cuidar a los hijos. Cosas como resistirse cuando el
mercado y sus gestores deciden arrebatarte la vida que has construído a tu
alrededor.

Nos despertamos viendo la guerra en nuestra casa a través de un televisor
y nos hemos acordado de que nosotros dijimos “No a la Guerra”. Ni allí
lejos ni aquí cerca. En ningún sitio. No a la guerra de los pocos contra
los muchos. No a la guerra de los de arriba contra los de abajo.

Una guerra que sigue siendo televisada, pero esta vez podemos saltar la
pantalla e ir a ver con nuestros propios ojos. No podemos ir a Iraq,
Palestina, Afganistán, etc. Pero podemos ir a la Cañada Real. Y vamos a
hacerlo.

Las gentes que, modestamente, construimos cotidianamente el Patio
Maravillas y, especialmente, aquellos que hemos puesto en marcha la
Oficina de Derechos Sociales del Patio queremos decir bien claro que esas
familias no están solas. Toda la infraestructura del Patio Maravillas se
pone a su servicio. Al servicio de su resistencia. Nos tienen al lado para
lo que quieran. También, claro, para conquistar el derecho a una vivienda
digna.

Sabemos que por arriba no hay espacio para componer un diálogo, así que
queremos proponeros un espacio de encuentro y decisión de abajo, nuestro,
a pie de calle. Con otras entidades vecinales y asociativas. Un encuentro
para hacer efectivo nuestros derechos.

Y por supuesto nos sumamos a cualquier iniciativa que queráis lanzar.
Empezando por la manifestación del próximo día 27 de Octubre.

A la sombra de la escalera que salta todas las fronteras decimos bien
alto: “Ninguna Persona es Ilegal, V de Vivienda- V de Victoria. No a la
Guerra”.


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