Hay algo común a los individuos, más allá del sexo, del género y del transgénero: el ano. Si los hombres disfrutan haciendo sexo anal con las mujeres, los homosexuales con hombres, las lesbianas con arnés tienen agujeros donde elegir… ¿por qué tanto tabú? Parece, a veces, que el sexo anal sólo sirve para las pelis porno y las fantasías sexuales. Gran error. Amigos, desprendeos de ideas puritanas, liberaros y sabed que, ya seas hombre o mujer, lo mejor es practicarlo.

La penetración rectal es un ejercicio de igualdad democrático que supera no sólo la orientación sexual, sino las etnias, clases sociales y religiones, porque culo tenemos todos y porque a los seres humanos nos une la búsqueda del placer, aunque muchos pringaos no lo reconozcan.

La verdadera igualdad, la justicia social, pasa por el sexo anal universal. Nuestra querida España ya tiene Ministerio de Igualdad, y entre sus objetivos prioritarios debería estar la valoración social y personal del culo porque esta parte de nuestra anatomía no se aprecia lo suficiente. Hacia los glúteos hay algo más respeto, pero hay que ir más allá y defender la entrada al placer que proporciona todo el pack.

La idea no es novedosa, ya lo hizo a su manera Quevedo en “Gracias y Desgracias del ojo del culo”.