Pues va a ser que lo que se argumentan en estos artículos, El TAV: una oportunidad que por fin llega o Las instituciones vascas instan a adaptar el ancho de las vías de tren a las de la UE, no van a ser.

Está bien que demos nuestras razones contra esta mostruosa infraestructura, pero ¿cuales son los verdaderos intereses de una obra de este calado?, ¿nos cuentan cuáles son estos intereses?

La impresión es que no. Desde la asamblea se ha tratado de airear estos intereses, (ver nuestro sitio web), a riesgo de que nos llamen, como así ha sido, demagógos o cosas peores.

Por ejemplo cuando dicen que hay que dar solución a los más de 10.000 camiones qeu cruzan el Bidasoa, jamás se plantan que la solución puede estar en la reducción de esta obsesiva necesidad de movilidad de las mercancias, sino que la solución está en poner esos camiones en el trenes, es decir en el TAV. Para ello no solo plantean la destrución ocasionada por esta obra sino que plantean la construcción de una nueva plataforma intermodal, la Euskalmodal.

Tal vez sea pecar de ingenuidad pero me da que todo esto corresponde a unos intereses casi tan viejos como la vida misma, los económicos, el dinero y el dinero para unos pocos.

Aunque la mona la vistan de modernidad se queda en lo que es, capitalismo salvaje de la mano de unas instituciones serviles y páteticas que además nos toman por tontas. Que no nos engañes no son nuestros intereses sino los suyos, de nuestra mano está que sean los nuestros los que primen. Hay mil razones para pararlo y solo una para hacerlo, su enriquecimiento y nuestra pobreza.