Día tras día, crimen tras crimen, se siguen produciendo los ataques de Israel sobre población civil árabe, esto desde luego no es nuevo, son ya demasiados años los que lleva este régimen terrorista atacando y destruyendo a los pueblos que le rodean.
A raíz de los diferentes conflictos que se han producido en la zona desde que después de la guerra mundial los que reparten el mundo decidiesen adelantarse a los designios divinos y regalar "la tierra prometida" al "pueblo elegido de dios" (ojo, que estos son luego los que van hablando por ahí del extremismo religioso de sus contendientes, en toda esta historia la viga en ojo propio nunca es vista por los que claman contra pajas ajenas). Así, desde que se fundara el estado de Israel creado por occidente, siempre tan dispuesto a crear fronteras y repartir territorios ajenos, oriente próximo se convirtió en una fuente inagotable de conflictos.
Tras toda esta campaña demencial y sus miserables excusas, se esconden pobremente los intereses de EEUU y de occidente en general, en su mortal necesidad de declarar la guerra a Irán, el último gran premio petrolífero que queda sin someter al imperio, tras la fracasada intentona de provocar una crisis al rededor del programa nuclear iraní, es hora de poner las cosas en su sitio. El problema claro es que Irán no es Iraq, no lleva 10 años sometido a un sitio criminal y tiene un arma que pone los pelos de punta a los militares estadounidenses, el estrecho de Ormuz.
Mientras las piezas del ajedrez global van tomando posiciones, y los directores de orquesta empiezan a tocar sus canciones de guerra para hacer de lo injusto lo posible otra vez, no quería dejar pasar un par de textos que destilan cordura, sentido común y sensatez por los cuatro costados, en estos tiempos que ya duran tanto de mentiras para justificar la opresión.
El primer texto está extraído de
crisis energética, es un post en uno de los hilos del foro de Pedro Prieto, tanto por su claridad como por su emotividad resulta simplemente imprescindible.
En septiembre del año pasado, cite en otro hilo de este foro que la variación de prioridades del ejército estadounidense, al decir de un general de este país, que cita el ahora cornucopiano Daniel Yerguin, en su monumental tomo "La historia del petróleo", entre la Primera y Segunda Guerra Mundial, pasó de ser "beans, bullets and oil" (judías, balas y petróleo) en la primera, a ser "oil, beans and bullets" (petróleo, judías y balas) en la segunda.
A la que yo añadía y ahora me vuelvo a ratificar en ello, en broma muy seria, que en la tercera guerra mundial, las prioridades serán "oil, oil and oil".
Sin embargo, eso no obsta para que haya una miríada de sinvergüenzas arguyendo que se trata de defender a la única "democracia" de Oriente Medio, frente a las dictaduras árabes, cuando la realidad es que no se trata de una lucha entre democracia y dictadura, sino entre supervivencia y democracia y en este caso, primero es la supervivencia, si es posible.
Los israelíes acaban de construir, con la salida previa y ordenada de los colonos del lugar, el mayor campo de concentración de la historia (4*40 Km; se llama Franja de Gaza) de la Humanidad, aparte de los varios campos menores de Cisjordania, con muros que harían palidecer al de Berlín y se acercan a la muralla china. En ellos, el agua, alimentos, medicinas o cualquier otro bien, solo entran con permiso de los carceleros. Y las personas, incluyendo embarazadas de partos difíciles, solo pueden salir a discreción de los mismos carceleros , desnudándose y humillándose previamente y con el número de prisionero en el carnet que le dan los carceleros, una atención para no tener que imprimírselo en el brazo, como en Mathausen. No tienen derecho a pasaporte, a nacionalidad, al libre tránsito en su propia tierra y a las más elementales reunificaciones familiares ¡en su propia tierra expoliada!.
El director Steven Spielberg hizo "La Lista de Schindler". En esa dramática película, se muestra un oficial nazi que después de haber abusado de una prisionera judía, abre la ventana de su cuarto, que dominaba el campo de concentración, toma el rifle, apunta con displicencia y le vuela la cabeza a un prisionero del campo, por practicar el tiro, con cara de aburrimiento.
Hoy tenemos pilotos de fuerzas israelíes, que desde la infinitamente abrumadora superioridad de sus F-16, sus Apaches o sus tanques Merkava y con una impunidad e inmunidad criminales y genocidas, se dedican a vaporizar a cualquiera que se les antoje del millón de palestinos aherrojados en ese campo de concentración, o a los cuatro millones entre todos los diferentes campos que han creado, con sus misiles, bombas de fragmentación o un abanico de armas prohibidas hasta por la Convención de Ginebra. Luego fuerzan a la prensa del pesebre y del abrevadero a decir que son "asesinatos selectivos de terroristas" y punto en boca. Ni siquiera necesitan las cámaras de gas, con la tecnología de que disponen: sencillamente, vaporizan a sus prisioneros a voluntad. Lo único que les falta para completar la imagen de la lista de Schindler, es que en las pocas puertas que existen para que entren agua, alimentos o medicinas, si le parece bien a los carceleros, es que los presos del campo, que salen sólo por ellas y cuando les viene en gana a los carceleros, a realizar trabajo esclavo y que para ello se tienen que desnudar de forma humillante a cien metros del carcelero, se les coloque el cartel, encima de la puerta, que les ponga "Arbeit match frei" (El trabajo hace libres). Al tiempo, que ya algunos Schindler israelíes dicen que les están haciendo grandes favores.
Esta es una página dedicada a tratar exclusivamente de la crisis energética, pero no puede callar y hacerse cómplice del silencio criminal de tanta prensa pesebrera, que se limita a presentar esto como un conflicto entre iguales, simplemente, porque el ingente tamaño del campo de concentración ha permitido a algunos presos hacerse con tuberías y gasolina o pólvora para hacer algún cohete e intentar dañar a sus opresores. O porque las armas de segunda que se dieron a presos que se consideraban de confianza, para aplastar revueltas internas, se vuelven algún día hacia los carceleros. Esto no es una lucha entre iguales. Es una lucha desesperada entre cuatro millones de palestinos, encerrados como perros, cuyo único delito es haber nacido sobre un país que otros consideran "La Tierra Prometida" y que han sido confinados por ello y por ellos, por sus opresores, en gigantescos campos de concentración, de los que, como es natural, quieren salir. NO ES UNA LUCHA ENTRE IGUALES. Unos están dentro de las vallas, muros y alambradas, sin ningún derecho y los otros están fuera, vigilando a los de dentro. Es de golfos, criminales y sinvergüenzas considerar que puede existir un diálogo justo entre el carcelero y el preso. Algunos desearíamos ver a Fernando Savater, por ejemplo, entre otros muchos, que apoya precisamente esta posición cuando se trata de las víctimas de la persecución de ETA y la propia ETA, que dejasen este concepto claro. Porque estamos hablando de que los israelíes están cometiendo en una semana tantos crímenes como la ETA en 30 años de asesinatos.
No es una guerra entre democracia y dictadura. Es un exterminio de presos por parte de carceleros. No es una guerra por las libertades y la democracia. Es una guerra por el petróleo de Oriente Medio, que tiene que pasar, circunstancialmente, por encima de los cadáveres de los palestinos, luego los libaneses, luego los iraquíes y así, ir criminalizando hasta hacer coincidir perfectamente la geografía del terror con la geografía del petróleo, para acallar las blandas conciencias de los consumidores occidentales. Y los que más consumimos, deberíamos empezar a reconocerlo y a vomitar nuestras culpas y acusar al silencio cómplice. Es petróleo, petróleo y petróleo.
El nazi de La lista de Schindler ha resultado ser el hijo de la víctima. ¿Para eso queríamos guardar la memoria del Holocausto, si los guardianes de esa memoria son los que se han convertido en los carniceros de hoy? Decía el cantautor chileno Víctor Jara a propósito de los crímenes de sus militares sobre la población, que "no lavarán sus manos todas las lluvias del sur". Espero poder ver algún día juzgados por crímenes contra la Humanidad a los autores de este despropósito y tratados con escarnio a todos los que ahora mantienen un silencio tan oneroso como cómplice.
Días tristes.
El segundo es un texto que encuentro a través del
blog de macromundo, blog más que recomendable que en esta ocasión rescata un capítulo del libro de Isaac Asimov, "Memorias", dejo este texto también como prueba irrefutable de que el sentido común no es algo velado a ninguno de los pueblos de la tierra, ni todos los alemanes eran criminales en la década de los treinta ni todos los judíos han sido criminales en nuestros días, siempre hay quien aun en contra de todo su entorno social, es capaz de tener un mínimo de sentido común y se alza sobre éste entorno para entonar palabras de justicia.
Tal es la ceguera de mucha gente que he conocido, judíos que, después de condenar el antisemitismo con un tono desmesurado, pasan en un instante a hablar de los afroamericanos y, de repente, empiezan a sonar como un grupo de pequeños Hitler. Y cuando lo hago notar y me opongo con energía, se vuelven en mi contra furiosos. Sencillamente, no se dan cuenta de lo que están haciendo.
Una vez escuché a una mujer que hablaba, con gran elocuencia de la horrible pasividad de los no judíos, que habían permanecido sin hacer nada por ayudar a los judíos de Europa.
-No se puede confiar en los gentiles- dijo.
Deje transcurrir unos minutos y después le pregunté de repente:
-¿Qué está usted haciendo para ayudar a los negros en su lucha por los derechos civiles?
-Escuche- me respondió-. Yo ya tengo mis propios problemas.
-Lo mismo les pasa a los gentiles- argumenté yo.
Ella se limitó a mirarme asombrada. No entendió a que me estaba refiriendo.
¿Qué se puede hacer? Todo el mundo parece vivir bajo el lema “La libertad es maravillosa, pero solo para mi”.
Estallé una vez, en circunstancias difíciles, en mayo de 1977. En esa ocasión compartía una mesa redonda con otras personas, entre las que estaba Elie Wiesel, que sobrevivió al Holocausto (el asesinato de 6 millones de judíos europeos) y que ahora no habla de nada más. Wiesel me irritó cuando dijo que no confiaba en los científicos y los ingenieros porque habían participado en la dirección del Holocausto.
¡Que forma de generalizar! Era precisamente el tipo de frase que diría un antisemita “No confío en los judíos porque una vez crucificaron a mi Salvador.”
Meditaba sobre el tema en la mesa y al final, incapaz de permanecer callado, intervine:
-Señor Wiesel, es un error pensar que porque un grupo haya sufrido una gran persecución, esto sea una señal de que son virtuosos e inocentes. Podrían serlo, sin duda, pero el proceso de persecución no es una prueba de ello. La persecución simplemente demuestra que el grupo perseguido es débil. Si hubiesen sido fuertes, por lo que sabemos nosotros, podrían haber sido los perseguidores.
Después de lo cual, Wiesel, muy excitado dijo:
-Déme un solo ejemplo en rl que los judíos hayan perseguido a alguien.
Estaba preparado, así que respondí:
-Bajo el reinado de los Macabeos en el siglo II a.C., Juan Hincan o de Judea conquistó Edom y obligó a los Edomitas a elegir entra la conversión o la espada. Los edomitas, que eran prudentes, se convirtieron, pero después fueron tratados como un grupo inferior, ya que aunque fueran judíos eran también edomitas.
-Esa fue la única vez –me contestó todavía mas excitado.
-Esa fue la única vez que los judíos tuvieron el poder. Una de una, no es un mal record –respondí.
Esto terminó la discusión, pero debería añadir que la audiencia estaba en cuerpo y alma con Wiesel.
Podría haber seguido. Podría haberme referido al trato que recibieron los cananeos por parte de los israelitas bajo los reinados de David y Salomón. Y si hubiese sido capaz de pronosticar el futuro, podría haber mencionado lo que está sucediendo en Israel en la actualidad. Los judíos estadounidenses lograrían entender la situación si imaginaran una inversión de los papeles, los palestinos gobernando el país y los judíos lanzando piedras con desesperación.
En cierta ocasión mantuve una discusión semejante con Avram Davidson, un brillante escritor de ciencia ficción que es (por supuesto) judío y que, al menos durante algún tiempo, hizo alarde de su ortodoxia. Yo había escrito un ensayo sobre el libro de Ruth afirmando que era un alegato a favor de la tolerancia y en contra de la crueldad de Ezra, el escriba que obligó a los judíos a “expulsar” a sus mujeres extranjeras. Ruth era moabita, un pueblo odiado por los judíos, y sin embargo se la describía como una mujer modelo de virtudes y era ascendiente de David.
Avram Davidson se molestó por mi afirmación de que los judíos eran intolerantes y me escribió una carta en tono sarcástico en la que también me preguntaba cuando habían perseguido los judíos a alguien.
En mi respuesta le decía: “Avram, tu y yo somos judíos que vivimos en un pais que es no judio en un noventa y cinco por ciento y nos las arreglamos bastante bien. Me pregunto como nos desenvolveríamos, Avram, si fuéramos gentiles y viviéramos en un pais con un noventa y cinco por ciento de judíos ortodoxos.”
Nunca me contestó.
En estos momentos, se esta produciendo una gran afluencia de judíos sovieticos a Israel. Están huyendo porque temen una persecución religiosa. En el momento en que ponen sus pies en suelo israelí, se convierten en nacionalistas extremistas sin piedad para los palestinos. Pasan de perseguidos a perseguidores en un abrir y cerrar de ojos.
Los judíos no son diferentes de los demás. Aunque como judío soy especialmente sensible a esta situación en concreto, es un fenómeno general. Cuando la Roma pagana persiguió a los primitivos cristianos, éstos suplicaban tolerancia. Cuando el cristianismo se impuso, ¿fue tolerante? ¡ni hablar! La persecución empezó de inmediato en la otra dirección.
Los Búlgaros pedían libertad en contra de un régimen opresor y utilizaron su libertad para atacar a la etnia turca que convivía con ellos. Los azerbaijanos exigen libertad del control centralizado de la Unión Sovietica, pero parece que la quieren para matar a los armenios que hay entre ellos.
La Biblia dice que aquellos que han sufrido persecución no deben perseguir a su vez: “No maltratarás al extranjero, ni le oprimirás, pues extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto” (Éxodo 22,21). ¿Y quien sigue este texto? Cuando intento predicarlo, lo único que consigo es parecer raro y hacerme impopular.
Habrá que volver a leer sus obras.
Aquí acabamos, no sin antes dejar
el enlace del foro de crisis de donde extraigo el envío de Pedro Prieto y de donde se puede extraer mucha información sobre la evolución de este conflicto y sus relaciones con con el escenario geopolítico actual de halcones, víctimas y cenit del petroleo.
Incluso cuando los hechos son inequívocos y señalan claramente a Israel como país agredido, en nuestro país lo convertimos automáticamente en culpable y hacemos manifas en su contra. Y es que muchos son los que contra Israel viven mejor. Pero sobre todo una izquierda caduca, sin horizonte, en cuyo ADN encontramos los rastros de un antioccidentalismo patológico, por mucho que haya hecho de la corrección política su disfraz ("¡no me ofendas, yo no soy antisemita!"). Una izquierda que ha perdido las utopías que ella misma traicionó y que, en su ingenuidad, cree recuperar parte de la épica perdida con cualquier pañuelito panarabista que se pone al cuello. Una izquierda, en fin, que no soportaría un cura católico, pero que alucina y se enamora de cualquier mulá islámico que llame a la yijad. De Marujas Torres, el paraíso de la izquierda está lleno. Lástima que es un paraíso que, para la libertad, resulta un infierno.